Notas de viaje

 


 La mano borra y empapa el vapor de agua del cristal, la pupila desvelada registra entonces formas, volúmenes, otros vapores en vacas, caballos, caligrafía cuadrípeda; campanas en espadañas que ya no tocan a muerto, el verdor feraz, promiscuo, menudea y da a morir en el regazo limoso del pantano; allende la geometría horizontal de ojos pétreos casi ocultos, en luna menguante, pantalanes huérfanos de embarcaciones, árboles solitarios en islas flotantes, esputos de un cielo ceniciento, salivante. Y ahí está: el balneario siniestro, fantasmal, antediluviano, arropado en su aliento nebuloso, junto a la fábrica de aguas, la temperatura desplomándose. Siete grados.

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