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Mostrando las entradas etiquetadas como Microrrelato

Canilogos

Olvidemos los atalantes, los centauros, incluso los unicornios rosa y demos cabida a algo más terrenal. Desde la ventana del autobús, en el sentido de la marcha, avivada esta con continuos frenazos y acelerones propios de una atracción de feria, veo a un hombre dirigirse al puesto de periódicos gratuitos, coger un ejemplar que hojea pausadamente. Un perro pequeño, no sabría decir de qué raza, se acerca a las piernas del hombre, el cual se agacha y dispone el periódico doblado, con el aspecto de una tierna baguette , entre las fauces del perro. Hambre atrasada. ¿De papel o de conocimiento?

Alzar la mirada

  Alzas la mirada, que no llega al cielo, frenada por el alero. En el piso superior, en el balcón, dos hombres taladran la pared para poner un toldo. El ruido se mezcla con el polvo y el sudor en un tarde tan tórrida. Buscas una   mesa lejos de la vertical de los operarios. Quien sabe: un toldo volando, un tornillo, un taladro. El resultado: una viñeta de un cómic. Acabada la faena, giran la manivela y el toldo no se despliega. Piensas en un cohete fallido. El toldo golpea el anclaje del alero. Se evidencia la importancia de las matemáticas.

Muerte entre las flores

  Foto generada con IA Después de acabar de ver el documental Flores para Antonio me fui a la cama. A medianoche tuve un sueño. Donald Trump estaba en un mitín. Costaba renocerlo con el pelo moreno. La piel ya no tenía el característico color de los Cheetos, sino un color moreno de playa, natural. Sin embargo, la voz rasgada sí era la de siempre. Los circunstantes aparecían difuminados, oníricos y apenas distinguía en ellos las gorras rojas sobre sus cabezas. De repente se hizo el silencio. La solemnidad se hizo dueña del éter. Esperé entonces escuchar el himno americano, sin embargo, las palabras que sonaron no eran en ingles, sino en un perfecto castellano. Trump había hecho subir al público al escenario, un mínimo atril, y en los altavoces, con un estruendo mucho mayor que el de las trumpetas de Jericó, sonaron los acordes de una canción. Trump con la destreza de un Bad Bunny cogió el micro y cantó prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más us...