En 1919 Henri Desgrange ideó un maillot de color amarillo, con la idea de que los espectadores pudieran identificar al líder del Tour de Francia al ver pasar el pelotón. En 1984 Elías Valiña Sampedro, el párroco de O Cebreiro, tras recorrer el Camino desde Roncesvalles, decidió señalizarlo con flechas amarillas, para ayudar al peregrino y evitar su extravío. Hoy hay flechas y mojones por todo el Camino, aplicaciones en el móvil, mapas virtuales. Y una piedra en la mano, y una flecha amarilla en la piedra: la que guiará el camino hacia Santiago. Un talismán a partir de ahora.