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Triacastela

  La mancha negra resulta ser un gato. Ves cómo surge de la piedra hacia el cielo. Cómo rasga el horizonte con el rabo. Lo miras y permanece impasible. Otro peregrino más, pensará el indolente minino. Silbas, hablas, murmuras, das palmas. Nada. El gato es esfinge, centinela del tiempo. ¿A las piedras le han salido raíces? Parece una protuberancia más. A su izquierda el santo blanco del fondo refulge entre la negritud de la piedra y del tiempo. Detrás de la cruz lo verde. Más allá, el día declina en el cielo, se apaga a pasos cortos. Languidece. Pasas del gato .

La buena hija (Júlia de Paz Solvas)

  En las disoluciones matrimoniales los que más sufren son los hijos. La buena hija es la validación del enunciado anterior. Candela quiere a su madre a y su padre. No tiene claro qué ha pasado entre ellos. O prefiere callárselo a sí misma. Carmela está en tierra de nadie. Y a sus doce años sufre. Cuando está con su padre es feliz, aunque víctima de sus ramalazos se asfixia. Y empieza a entender. El miedo de Carmela es que su naturaleza sea la de su padre. Se afincará en la equidistancia. También en un colosal ejercicio de resiliencia. Toca sobrevivir.