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Oro líquido

  Abandona aquí el lenguaje la metáfora, se hace carne y abandera la literalidad. Dijo Homero: oro líquido, referido al aceite de oliva virgen extra, y no hace mucho, cuando el precio del aceite se disparó, también como un disparo, te abatió en un supermercado la contemplación de un envase que confundiste con un perfume. Gotas de perfume que van al cuello; gotas de AOVE que van al pan, al plato, para su delectación. El oxímoron lujo asequible, si puede darse, lo calzarías al AOVE. No a este, precisamente, cuyo precio es parejo al del espiritoso whisky Escocés, The Glenrothes Vintage Reserve .   

Canilogos

Olvidemos los atalantes, los centauros, incluso los unicornios rosa y demos cabida a algo más terrenal. Desde la ventana del autobús, en el sentido de la marcha, avivada esta con continuos frenazos y acelerones propios de una atracción de feria, veo a un hombre dirigirse al puesto de periódicos gratuitos, coger un ejemplar que hojea pausadamente. Un perro pequeño, no sabría decir de qué raza, se acerca a las piernas del hombre, el cual se agacha y dispone el periódico doblado, con el aspecto de una tierna baguette , entre las fauces del perro. Hambre atrasada. ¿De papel o de conocimiento?

Alzar la mirada

  Alzas la mirada, que no llega al cielo, frenada por el alero. En el piso superior, en el balcón, dos hombres taladran la pared para poner un toldo. El ruido se mezcla con el polvo y el sudor en un tarde tan tórrida. Buscas una   mesa lejos de la vertical de los operarios. Quien sabe: un toldo volando, un tornillo, un taladro. El resultado: una viñeta de un cómic. Acabada la faena, giran la manivela y el toldo no se despliega. Piensas en un cohete fallido. El toldo golpea el anclaje del alero. Se evidencia la importancia de las matemáticas.