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La flecha amarilla

  En 1919 Henri Desgrange ideó un maillot de color amarillo, con la idea de que los espectadores pudieran identificar al líder del Tour de Francia al ver pasar el pelotón. En 1984 Elías Valiña Sampedro, el párroco de O Cebreiro, tras recorrer el Camino desde Roncesvalles, decidió señalizarlo con flechas amarillas, para ayudar al peregrino y evitar su extravío. Hoy hay flechas y mojones por todo el Camino, aplicaciones en el móvil, mapas virtuales. Y una piedra en la mano, y una flecha amarilla en la piedra: la que guiará el camino hacia Santiago. Un talismán a partir de ahora.

Alto do Poio

  Nos anima Santiago, el valenciano, a tomar asiento y pedir un pincho de tortilla de 24 huevos. El cocinero apoya la espalda en la pared al darle la vuelta, dice. Lo pedimos. No es la de Betanzos pero el mazacote está jugoso. El bar es el Albergue del Puerto, en el Alto do Poio. Pensamos en pollitos y gallinas. Una joven pide mayonesa para la tortilla. ¡Clamamos al cielo! Mento a un peruano que comía las chuletillas al sarmiento con kétchup.  Compartimos el pincho. Con el estómago lleno emprendemos la bajada. Andar, comer, vivir: una rutina a la que asirse. 

O Cebreiro

  La lente ofrece a tus sentidos la realidad tal y como la percibes más allá de los ojos legañosos. El cansancio y el sueño son la bruma mental a las seis y media de la mañana, bajo un cielo negro que azulea. No dañan todavía las pupilas las luces afiladas. Una peregrina cruza la calle desierta. Sus pasos retumban en la piedra como los cascos de los caballos. Ajustas la mochila a la espalda. Frente a la palloza soplas con todas tus fuerzas. Nada se resiente en la estructura de piedra, en la techumbre de paja. Menos lobos, te dices.