El propósito del día es un enunciado matemático. Ir del punto A al punto B, conociendo la hora de partida y la velocidad media. A partir de ahí el azar, los encuentros en el Camino, las conversaciones, las paradas para descansar. También el arte que puebla las paredes. La desconexión también es horaria. El tiempo desaparece. No hay pasado ni futuro. Todo es presente, ahora, ya. Esa sensación queda apuntalada cuando ves la piedra, y un reloj que no se derrite, pues es de piedra. Son las cuatro, o las seis, o las nueve. Siempre es ahora. Sí, no procrastines .