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Camino de los olivos

  Más de quince mil olivos en Monte Isola, y te irás sin probar las variedades locales: Leccino , Frantoio , Pendolino o Sbresa que menudean en los bancales y terrazas. Piensas en una recolección oleíloca heroica como la de las uvas en la Ribeira Sacra. Al salir de Peschiera Maraglio hacia Sensole evocas a Aurore Dupin (George Sand). Amaba los olivares, pero le repugnaba el aceite de oliva. Ya en Sensole te detienes junto a un ventanuco de madera irregular, donde la mirada atraviesa el tronco del árbol eviterno hasta el regazo del agua enramada y su apacible naturaleza silenciosa y pacífica.

Exopto

    Incluso al beber tropiezas con el pasado, y el latín cristalizado en el nombre de la etiqueta: Exopto. Sigues con la mirada las ondas concéntricas, buscas la hora en el reloj, sucumbes al reflejo dorado, y el vaivén de los círculos es un bucle del que sales cuando giras la botella y lees su significado. Exopto: manifestación de un deseo. En primera persona: deseo fuertemente. Conoces una editorial, Ardicia , primas hermanas las palabras. Ese deseo de leer o de beber, dos pulsiones tan humanas. Ha sido cuando has querido satisfacer ambas, cuando ha sido desvelado el pastel de la etimología.

La insoportable gravedad del no

  Apaga la radio cabizbajo, frustrado ante el desinterés social y el mal común plasmado en las votaciones del Congreso. Son demasiadas preguntas sin respuesta en el avispero de su mente. Baja a la calle a airearse. Cruza el parque y para junto al paso de cebra. Así estoy yo sin mí , piensa al ver el cuadro pelado de una bicicleta. Sopesa la idea de marchar al pueblo y emprender el éxodo a la inversa que hizo la generación de su padre. Pero regresa a la familia frente al televisor viendo El diario de Jorge . Ocupa su espacio en el sofá.

Los límites de la curiosidad gatuna

    A menudo has visto carteles avisando de la peligrosidad de los perros. Ahora te sorprende ver negro sobre blanco el imperativo —que es súplica—, de no atraer a los gatos fuera de la puerta, porque ¡ojo!, los mininos son viejos y frágiles. Haz de cuenta que la curiosidad de los gatos los haría salir fuera, seguir al extraño, extraviarse por Monte Isola. Mientras traduces el cartel, un gato despeluchado avanza a trancas y barrancas hacia ti, que te apartas de la valla y pones los pies en polvorosa sin mirar atrás, sustraído a los límites de la curiosidad gatuna. 

Villa Carlotta

  Deambulas por los alrededores de Villa Carlotta, en Tremezzo, y antes de finalizar el intermitente recorrido, tras haber paseado entre flores, plantas y árboles, por jardines de ensueño, en el interior de la Villa buscas el abrigo de los frescos en las paredes. En una estancia, frente a la lámina del agua mansa, andas cerca de sufrir un stendhalazo ante una belleza tan impactante, donde los sentidos no dan abasto. Buscas entonces el regazo de la balconada, las pupilas en el verde agua, la esperanza en la luz, la eternidad en lo efímero. Dime, ¿adónde conduce la puerta del suelo?