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La necesidad de comunicarnos

Leo: Esta carta puede subirse a un avión, pero yo, no. No hay dinero para eso. Ni siquiera hay dinero para escuchar tu voz más que un par de veces al año . Palabras que te conectan con el pasado, porque antes de estar disponibles 24/7, la comunicación era interrumpida por la distancia y los posibles. Las cartas cruzaban el océano, llegaban tres semanas después desde Caracas. Los audios de voz eran los casetes con la voz de tu tío Paco dando cuenta de su vida familiar y pormenores. Cambia el formato, la necesidad de comunicarse, sin embargo, se mantiene inalterable. 

La luz es más antigua que el amor

  Si para Borges el Paraíso sería algún tipo de biblioteca , para ti, el pueblo ideal es aquel que tiene libros para intercambiar en las calles. En Lovere ves consumado tu deseo cuando llegas a una calle escondida, muy fotogénica, y tan estrecha que solo puede tener un nombre: “la stretta”. Te detienes y ojeas los volúmenes. Pero nada llama tu atención y sigues tu camino. La estrechez de la strada te recuerda la de las calles venecianas, del tamaño de los brazos abiertos. Prosigues hacia el lago Iseo. Verás anochecer. Confirmas que la luz es más antigua que el amor .

Camino de los olivos

  Más de quince mil olivos en Monte Isola, y te irás sin probar las variedades locales: Leccino , Frantoio , Pendolino o Sbresa que menudean en los bancales y terrazas. Piensas en una recolección oleíloca heroica como la de las uvas en la Ribeira Sacra. Al salir de Peschiera Maraglio hacia Sensole evocas a Aurore Dupin (George Sand). Amaba los olivares, pero le repugnaba el aceite de oliva. Ya en Sensole te detienes junto a un ventanuco de madera irregular, donde la mirada atraviesa el tronco del árbol eviterno hasta el regazo del agua enramada y su apacible naturaleza silenciosa y pacífica.