La cinética de las redes sociales es alimentada por los impulsos de sus usuarios; un impromptu que en ocasiones tiene consecuencias funestas. Tom vive delante de una pantalla, su batería social está tan baja que apenas logra reiniciarse cada mañana y todas sus energías las canaliza en teclear y vomitar toda su inquina contra las mujeres y el feminismo. Sin pensarlo apenas, un buen día decide poner un comentario en la red social de Live, una humorista famosa en su país: Noruega. En el comentario habla de violarla. Live lee el comentario en su red social y decide hacerlo público, consciente de que se ha cruzado una línea roja, de que no todo vale. En pocos minutos la sociedad entera se moviliza y hackers mediante, en seguida, todos conocen la identidad del autor del comentario. Adiós al anonimato y a la consecuente impunidad. Tom se ve hostigado, siente lo que es el bumerán del odio buscando su rostro, su cuerpo para devastarlo y busca amparo en la tienda de ropa de mu...