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Alto do Poio

  Nos anima Santiago, el valenciano, a tomar asiento y pedir un pincho de tortilla de 24 huevos. El cocinero apoya la espalda en la pared al darle la vuelta, dice. Lo pedimos. No es la de Betanzos pero el mazacote está jugoso. El bar es el Albergue del Puerto, en el Alto do Poio. Pensamos en pollitos y gallinas. Una joven pide mayonesa para la tortilla. ¡Clamamos al cielo! Mento a un peruano que comía las chuletillas al sarmiento con kétchup.  Compartimos el pincho. Con el estómago lleno emprendemos la bajada. Andar, comer, vivir: una rutina a la que asirse. 

O Cebreiro

  La lente ofrece a tus sentidos la realidad tal y como la percibes más allá de los ojos legañosos. El cansancio y el sueño son la bruma mental a las seis y media de la mañana, bajo un cielo negro que azulea. No dañan todavía las pupilas las luces afiladas. Una peregrina cruza la calle desierta. Sus pasos retumban en la piedra como los cascos de los caballos. Ajustas la mochila a la espalda. Frente a la palloza soplas con todas tus fuerzas. Nada se resiente en la estructura de piedra, en la techumbre de paja. Menos lobos, te dices.

La necesidad de centrifugar

  Leo: España está mucho más despoblada de lo que se pensaba. Un nuevo informe de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) concluye que el 97,4% del territorio nacional no tiene población residente y que los habitantes se concentran en apenas un 2,6% del mapa . Sin embargo,  ¿no os parece que todos vamos a los mismos lugares, a las mismas horas, y los mismos días? Nada queda hoy libre del turismo. Busquemos ese 98% de territorio no residente. Hollemos otros caminos. Visitemos lugares que nadie frecuenta. Oigamos el silencio, nuestras pisadas. Es posible y necesario. Dispersémonos.