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A la cara (Javier Marco, 2025)

  Una quinta portuguesa y A la cara son películas extrañas que permiten encuentros entre personas de la manera más disparatada. Ambas protagonizadas por Manolo Solo . Proyectos fílmicos que me sorprenden (para bien) que hayan llegado a consumarse. En A la cara se pone de manifiesto el pozo de mierda que son las redes sociales. Lina, una cara conocida de la televisión, sufre el acoso de los medios. La hija adolescente ha tratado de suicidarse y permanece en coma en el hospital. Lina quiere sustraerse al ruido mediático y va al encuentro de un troll : Pedro. Pedro critica, juzga e insulta escondido en la impunidad de un nickname . Sin embargo, pone una habitación en alquiler, aporta la dirección y Lina, que necesita salir del hospital, se presenta en su casa. En primer lugar, Lina quiere que Pedro le diga a la cara, de viva voz, y mirándole a los ojos, lo que ha escrito en un comentario en internet. Los comentarios siempre son parecidos: ójala te mueras, estarías mejor muerta,...

La necesidad de comunicarnos

Leo: Esta carta puede subirse a un avión, pero yo, no. No hay dinero para eso. Ni siquiera hay dinero para escuchar tu voz más que un par de veces al año . Palabras que te conectan con el pasado, porque antes de estar disponibles 24/7, la comunicación era interrumpida por la distancia y los posibles. Las cartas cruzaban el océano, llegaban tres semanas después desde Caracas. Los audios de voz eran los casetes con la voz de tu tío Paco dando cuenta de su vida familiar y pormenores. Cambia el formato, la necesidad de comunicarse, sin embargo, se mantiene inalterable. 

La luz es más antigua que el amor

  Si para Borges el Paraíso sería algún tipo de biblioteca , para ti, el pueblo ideal es aquel que tiene libros para intercambiar en las calles. En Lovere ves consumado tu deseo cuando llegas a una calle escondida, muy fotogénica, y tan estrecha que solo puede tener un nombre: “la stretta”. Te detienes y ojeas los volúmenes. Pero nada llama tu atención y sigues tu camino. La estrechez de la strada te recuerda la de las calles venecianas, del tamaño de los brazos abiertos. Prosigues hacia el lago Iseo. Verás anochecer. Confirmas que la luz es más antigua que el amor .