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Entradas

La Odisea (Christopher Nolan)

    Veo La Odisea y pienso en Spiderman , Crepúsculo , Euphoria o Jason Bourne . Me preguntó qué hay de Homero en la película de Nolan . Aprecio la puesta en escena, el empeño por lo físico, lo menestral, incluso lo artesano. La gran virtud es que las tres horas se pasan en un suspiro. Mientras vemos por qué, entre tantas peripecias, Odiseo tarda tanto en regresar junto a su esposa e hijo. Si hay quien deshoja la margarita para decidirse, Penélope recurre al telar para convertir la espera en una eternidad. Odiseo vuelve, ¡por finnnn!, y busca la redención. ¿El arrepentimiento es sincero?  

Campeonas

                                                                                                                                        Menudean en el bar las camisetas rojas y blancas. Entre ellas cuatro albicelestes. Aumenta la tensión. El alcohol desenmascara los bajos instintos. Arrecian las palabras gruesas. De animar a insultar. Corren los minutos. Cuando ya se avizoran los penaltis, golazo de Ferran. Luego, el delirio. El martillo pilón no cesa:  Pita ya, pita ya, a llorar a la llorería, puto enano, perros .. .. Entre las camisetas albicelestes una adolescente llora desconsolada. La cara en los antebrazos. Pitido final. Una joven con la ...

Jones, a veces (Sara Fantova)

  La enfermedad, presente con el Parkinson, altera la vida familiar de un padre y sus dos hijas. Al padre, a los 54, lo jubilan por su enfermedad. La hija de 20, Jone (Olaia Aguayo), será su cuidadora. La pequeña tiene miedo de que su padre muera. Comienza la película con la semana grande de Bilbao. Jone se enamora. La película abarca una semana. Pero la vida sigue. Todo es aprendizaje. Para el padre y las hijas. Veo  en Jone una poética de la resistencia, en su capacidad de sentir y emocionarse. 

2 Esculturas

  No se quede parada en medio, señora. No ves la iglesia ni la plaza. A pesar de su fino talle. Tratas de moverla con delicadeza y el tacto te devuelve el frío del metal. Reparas en las ondulaciones del vestido. En sus ojos no ves un mar en calma, sino un sentimiento que pugna por brotar. Ingenuo de ti crees que en su mano tiene una novela, hasta que caes en la cuenta de que es un misal. Sigues el escrutinio. La cruz en el cuello, los pendientes son lágrimas. Tienes una intuición. Los ojos están humedecidos, como las fuentes.