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2 Esculturas

  No se quede parada en medio, señora. No ves la iglesia ni la plaza. A pesar de su fino talle. Tratas de moverla con delicadeza y el tacto te devuelve el frío del metal. Reparas en las ondulaciones del vestido. En sus ojos no ves un mar en calma, sino un sentimiento que pugna por brotar. Ingenuo de ti crees que en su mano tiene una novela, hasta que caes en la cuenta de que es un misal. Sigues el escrutinio. La cruz en el cuello, los pendientes son lágrimas. Tienes una intuición. Los ojos están humedecidos, como las fuentes.

Silencio

    Vas silbando el temazo del verano, una canción de Ana Mena y Lola Índigo, moviendo el cuerpo al compás de la música. Eres un caminante solitario bajo un sol inmisericorde que te reblandece el cerebro y socarra tu piel, avanzando por la senda hacia el castillo calizo, cuando reparas en algo. Dejas al instante de silbar. También dejarías de jadear, si pudieras, el corazón en suspenso, en pos de la obediencia, y de un debido silencio anti natura. ¿Acaso no cantan los pájaros? Te sobra ahí la palabra silencio, por redundante. Y si se queda que esté en braille.

1 Esculturas

  La palabra cancerbero remite a Hades, al infierno. El calor es su vía de escape. Pero hace dos meses el cielo escupía lluvia en Bilbao. Viste a Iribar aferrando el balón. La escultura te sugiere la presencia de un centinela, de un gaviero. Al frente, el mar de edificios. El estadio de fútbol, a la espalda de Iribar es un ejercicio de papiroflexia, mas consistente que el origami . No te trajo aquí Iribar ni el futbol, sino una estación de metro, para ir a otro edificio inclasificable: el BEC. Caminas por su interior: Jonás en el vientre de la ballena.

Oro líquido

  Abandona aquí el lenguaje la metáfora, se hace carne y abandera la literalidad. Dijo Homero: oro líquido, referido al aceite de oliva virgen extra, y no hace mucho, cuando el precio del aceite se disparó, también como un disparo, te abatió en un supermercado la contemplación de un envase que confundiste con un perfume. Gotas de perfume que van al cuello; gotas de AOVE que van al pan, al plato, para su delectación. El oxímoron lujo asequible, si puede darse, lo calzarías al AOVE. No a este, precisamente, cuyo precio es parejo al del espiritoso whisky Escocés, The Glenrothes Vintage Reserve .