Vino ayer Ricardo Lezón a Logroño, a tocar en la Sala Fundición, en la programación del Muwi. El concierto comenzó a las ocho. El ambiente tenía la textura del arrullo, en consonancia con los textos de las canciones de Ricardo. La cadencia e hiatos de la voz, la suavidad en los acordes, la mansedumbre de los textos (capaces de hacer poesía con lo prosaico), crea todo ello un ambiente único, merced a una muy poderosa intimidad.
Lezón se definió como un vasco soso, algo que fue desdicho cuando se arrancó a hablar para explicar la génesis de algunos de los temas que abordó. O bien cuando explicó que para algunos temas de su último disco La vida libre, como el hit El jardinero, contactó por teléfono con el nonagenario José Corredor-Matheos. Y le costó lo suyo hacerle entender su solicitud: usar algunos de sus versos en las canciones.
Quizás su tema más conocido sea La electricidad, un tema de 2015 recuperado recientemente por la serie Los años nuevos. Lezón fue alternando temas antiguos suyos con otros de su último disco con la banda McEnroe La vida libre.
Una hora y cuarto duró el concierto. El aforo de la sala de 200 personas casi se completó. Lezón dio un buen concierto. E incluso se arrancó a cantar en italiano, ya en las postrimerías, en la canción Napoli.
Me fui para casa con el vinilo La vida libre dedicado por Lezón.

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