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Mostrando las entradas etiquetadas como Relato

Lección de anatomía

  1  Todo comenzó con la disección del corazón. Fue aquella la primera vez que Lucas vio el misterio oculto en el interior de un animal. Cuando muchas tardes, en el patio del colegio, caía al suelo y regresaba a casa con las rodillas ensangrentadas, la sangre manchando el chándal, mil veces remendado por su madre, parecía no formar parte de su cuerpo, sin alcanzar a entender Lucas cómo era posible que de su interior saliera aquel líquido rojizo, denso, que al chuparlo le sabía a hierro. En el laboratorio, los alumnos mantenían la vista fija en las manos de la profesora, que con el bisturí en la mano izquierda iba seccionando las partes del corazón del cerdo dispuesto sobre la mesa. Lucas y Raúl miraban el corazón de la profesora en la distancia y el suyo, en la proximidad, con aprensión y asco. También con miedo, fabulando que en cualquier momento el corazón fuese a salir por patas. Tuvo Raúl la ocurrencia de arrimar su cara al corazón. El lóbulo rozando el músculo inerte....

Muerte en reversa

  Muerte en reversa   Muere. Asfixiado. Sin oxígeno. Corazón órgano inútil. Aplastado antes sobre la valla. En el puesto fronterizo de Na­dor. España al otro lado, estirando el brazo. No ha dejado de intentarlo. La tenacidad la aprendió de su madre. Un intento fallido tras otro. Como una pelota de frontenis rebota hacia el interior una docena de ocasiones: Beni Melal, Chichaoua, El Kela des Sraghna... Marruecos es un muro. No puede es­perar en Oujda la posible concesión del asilo. Ahora está en Argelia, en Maghnia. No conocerá el amor. Sueña con fron­teras porosas. Ha perdido la cuenta de las veces que lo han desvalijado. Duerme bajo un puente. Trabaja en lo que sea. Un pensamiento: sobrevivir. Obtiene una miseria por doce horas de trabajo diario como peón. Otra vez a un centro de internamiento en Libia. Cuando ya ve el final unos brazos lo suben a una embarcación. Caen de la barca neumática. Surca el mediterráneo. Deja tierra firme. Anhela vivir en paz. Tener una vida. Camina...

Últimas noticias de la humanidad (relato)

¿Cómo era posible que en 2089 aún hubiera calvos cuando los tetrapléjicos hacía ya décadas que habían abandonado las camas y sillas de ruedas para volver a hacer vida normal; cuando la luna estaba desquiciada con tanta despedida de soltera conculcando y emponzoñando sus dominios cada fin de semana; cuando los paquetes de HORIZON que monopolizaban el irrespirable espacio aéreo viajaban por el aire con la ligereza de una pluma (licencia poética del narrador, dado que ya no había aves en el cielo ni árboles en la tierra y las únicas plantas conocidas eran las petroquímicas) hasta llegar a los hogares domóticos, cuyas azoteas estaban revestidas en su totalidad con placas solares, acogiendo en un espacio minúsculo el amerizaje de los drones; cuando se preparaban viajes espaciales, evidentemente a precios astronómicos, para ir a visitar nuevas galaxias recién descubiertas. Sí, el infinito al alcance de la mano, no de cualquiera, por supuesto, sino de unos pocos ¿afortunados?, dado que el p...