Picaporte, no es que yo me meta ni me importe, pero si pierdes el norte, no va a haber un dios que te soporte . ¡Cómo no estarle eternamente agradecido al Rosendo por estas rimas tan sencillas como inolvidables! Tocas el frío metal y amagas con llamar, pero te apartas y capturas el instante en una fotografía más, que etiquetas en el breviario del instante para revestirlo de eternidad, antes del Gran Apagón . Ahora estás en la calle de los Ciudadanos y el rostro parece el de un faraón. Los labios se mueven. Te acercas. Picaporte no, aldaba . Retomas tu camino.