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No te gires

Lo contrario a la pornografía explícita es el ansia sensual, lo demorado, la tensa espera, los labios anhelados, el cuerpo deseado, el colmarse diferido, el juego de miradas avivando la llama de dos mujeres que se buscan y se encuentran. Una, encargada de retratar (en la Francia de finales del siglo XVIII) a la otra -la cual ha dejado el convento para entregarse a su futuro marido, al que desconoce- primero a escondidas, luego frontalmente; una mirada pictórica que escruta, archiva y posee; posesión efímera, una llamarada, un lapso de tiempo en un destino prefijado, amoldado a su condición de mujer. Antaño. Dos grandes actrices Noémie Merlant, Adèle Haenel cristalizan, y de qué manera, una pasión impensable e imposible. ¿Unos días de felicidad serán capaces de remedar una futura vida desdichada?

No-cosas

  Leo no-cosas de Byung - Chul Han y pienso en los años de mi mocedad, cuando trajinaba con el walkman, el discman, el tocadiscos, los casetes, las cintas de vídeo, los vinilos, los libros. Observaba las portadas, copiaba las letras, grababa canciones de la radio, registraba los episodios de Doctor en Alaska o de Aquellos maravillosos años en videocasetes. Llamaba desde las cabinas para conversar. No existían los audios, que fragmentan y difieren la “conversación” y que deja de serlo como tal. Aquellos objetos de mi adolescencia han sido desplazados o se han vuelto innecesarios con el streaming , con aplicaciones como spotify , con los libros electrónicos. Describe muy bien todo esto Byung - Chul Han en su ensayo, cómo las cosas se convierten en no-cosas devoradas por lo virtual, porque la digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo. Todos aquellos objetos eran un contenedor de nuestra experiencia y nuestros recuerdos. Recuerdo cuándo compré los vinilos, lo que me depa...

Los enanos

  Concha Alós, merecedora del premio Planeta en 1962, por la novela Los enanos. Leo: Somos enanos rodeados de enanos, y los gigantes se esconden para reírse. Los enanos viven como pensionados, nada sobra y todo falta, mientras se suceden las escenas costumbristas, bajo el régimen franquista, sin apenas recursos y sobreviviendo a duras penas. Ellas preservando el honor, ellos mancillándolo. A quel código. Mundo binario. Mundo pasado, pasado mudo, pero no periclitado. La voz de los desfavorecidos como materia prima. La ominosa y mugrienta realidad ahoga y ultima a ratas y personas. La novela fue adaptada para la televisión. La serie está dispuesta en RTVE

La Pasión de Alcónetar II

    514 páginas después de haber partido o parido en esta gesta gestacional. Alumbrado y deslumbrado. Sigo las cuitas o coitos del Maestro y sus discópulas, atento a los hi-meneos de cad-eras y siglos. Leo que Rafael creía en la polinización de la literatura. Y sí, es porosa en sus esporas y la lectura cala y cuela. Esta novelaberinto es un porqué, este porqué una razón, esta razón nuestra infaustina Pasión: la de Alcón-eta-r, pájaro de altos vuelos y atmósferas imposibles, terrorista de lo establecido, sus jerarquías, atavíos y servilumbres que calientan la sopa boba de estómagos agradecidos.  

La Pasión de Rafael Alcónetar

  En la página 426 de la novelaberinto pienso en la escritura como ejercicio acrobático, circense, también puro contorsionismo, un caminar sobre la cuerda floja, mirando a los ojos el vacío que también te mira a ti, y pienso en lo difícil que es definir o retra(c)tar a alguien, el lenguaje ofreciendo la resistencia y persistencia de la resaca, que lejos de la orilla y de conducir la narración a buen puerto, la situa en alta mar, a medida que los acólitos, amantes, amigos o detractores de Rafael, nos hablan del muerto o el desaparecido, porque no se sabe todavía, y diez años después de su muerte/desaparición, una de sus amantes y alumnas de un taller literario por él impartido, trata de esclarecer los hechos y toca reconstruir la memoria con la perspectiva que da el paso y el p e so y el poso del tiempo. No es tanto la extensión de la novela, casi 750 páginas, porque he leído novelas más extensas sin el menor esfuerzo, sino el uso y disfrute que el mayúsculo autor MARIO MARTIN (A)G...

Edad de hombre

Para Michel Leiris la edad de hombre es a los treinta. Acaso la experiencia ya saturada y la necesidad de explicarse a sí mismo cómo es él, cuál su identidad, qué es aquello que lo conforma y desespera. La muerte y el suicidio son para él la materia prima con la que dar forma a sus temores, miedos y desvelos, la ganga en los sueños narrados, la cobardía un traje de luces apagado. La escritura el asta de un toro. A portagayola, a corazón abierto, escribe para desvivirse, para extraerse. Así excreta una confesión. Desinhibido. No morirá en la plaza. Lo hará a los noventa, triplicada su edad de hombre. Días sumados y asumidos.