En The Game, Baricco hablaba hace un lustro de los móviles como un segundo corazón. Hablaría hoy de un corazón primario. Objeto dispuesto en las mesas de trabajo, en las manos como alerones horizontales de nuestras orejas. Aparato iluminado constantemente al ritmo de las notificaciones. De tal manera que el presente se torna orgánico y el aparato es hoy un apéndice, la proyección de nuestro yo, aquel Tamagotchi hoy inteligente que no deja de reclamar nuestra atención constantemente, despejando de nosotros todo lo demás. Vaciado que subsume y conecta, desconectándonos. Del solipsismo a la más radical indiferencia hay un paso.