La psiquiatra Lilian Steiner encuentra en la inesperada muerte de una paciente un hilo del que tirar, para quitarse el tedio de encima, recuperar la intimidad con su exmarido y replantearse la relación con su hijo, que acaba de ser padre pocos meses atrás. Jodie Foster (en un perfecto francés) resulta muy convincente en la piel de Lilian y mediante estas pesquisas lleva a cabo un viaje vertical que será capaz de transformarla. Se plantea la historia como un juego de enredos, mezcla de comedia romántica y noir, mientras Lilian va avanzando por el tablero dando tumbos, metiendo las narices en la vida privada de los demás, donde se cuestiona lo que es la intimidad y el secreto profesional. A Lilian, por su trabajo, le cuentan cosas que nadie más sabe. Con estos materiales se montará una película en su cabeza para tratar de explicarse la relación con su hijo o ciertos pensamientos que le rondan. Una sesión de hipnosis (para Lilian ir contracorriente) le abrirá los ojos a otras realidades. El resultado es una película extraña, singular, desequilibrada, no obstante, entretenida, a pesar de quedarse en la superficie de todos los temas que tiene entre manos.

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