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Un simple accidente (Jafar Panahi)

 

Un simple accidente es un título que entraña una realidad mucho más compleja. Al accidente  del título le precede otro. Una familia viaja de noche por las afueras de Teherán cuando el coche impacta contra algo. Luego verán que se trata de un perro. Si hasta ese momento el ambiente en el coche en el que viajaban una pareja con su hija pequeña era distentido, después del accidente se verá ensombrecido. Poco después el coche falla y recalan en un taller donde un hombre se ofrece a ayudarles. Allí otro de los empleados del taller, Vahid, oye la voz del conductor del coche y siente el pasado regresar en tromba. Arreglado el auto, Vahid seguirá al conductor hasta su casa para más adelante secuestrarlo. La razón del secuestro es que el conductor parece ser el mismo que lo torturó tiempo atrás, un tal Eghbal, apodado el Patapalo. Vahid antes de tomarse la justicia por su mano tratará de que le confirmen la identidad del torturador y así poco a poco a Vahid lo acompañarán otras dos mujeres, una de ellas a punto de casarse; el novio, y Hamid la expareja de la otra mujer: Shiva. El deseo de venganza parece atender a un impulso, por eso necesita Vahid tener clara la identidad del torturador. Dentro de la furgoneta los torturados no quieren hacer frente común, cada uno es dueño y señor de su historia y no parecen, al menos en un principio, favorables a participarla al resto. Es como si quisieran desprenderse del estigma del torturado, del papel de víctima. Y ese es uno de los muchos mensajes que muy sutilmente va deslizando en las imágenes Panahi.

La presencia de Patapalo altera a todos ellos porque el pasado, si acaso este acaba de pasar alguna vez, regresa de sopetón. Algunos de los torturados han tratado de rehacer sus vidas y eso pasa por olvidar, pero no es fácil para una mente torturada. Hamid lleva años soñando con la pierna de palo del torturador, con las cicatrices de la otra pierna. La novia rememora cómo fue colgada de una soga esperando su muerte durante tres horas, para luego ser violada. Vahid tiene la espalda destrozada por las palizas recibidas. Ahora los torturados tienen la ocasión de vengarse, pero todo son dudas. No olvidemos que tenían los ojos tapados y del torturado oían las voces, los pasos. La película destila un humor sutil, un humor que se alterna con el dramatismo más crudo. No busca Panahi resolver nada, por eso el final es abierto. Aquí hay preguntas, las que se hacen los torturados acerca del proceder de los torturadores, esos hombres que se protegen siempre en el Estado para hacer lo que hicieron, en ofrecerse como meros peones, con la pretensión de burlar su responsabilidad, como si sus actos no fuesen suyos, cuando muchas veces los movían el odio más feroz, y su proceder no era otra cosa que el fruto del ensañamiento, el sadismo y la vileza. Una deshumanización, vista desde fuera, que para los perpretradores de la misma, a toro pasado, no parece nunca tal, encontrando siempre justificaciones para sus acciones. Además, a poco que les atornillan a los torturadores, siempre vuelven a las andadas. No hay arrepentimiento, el lo siento suena demasiado falso y en todo caso los torturadores siempre lamentan no haber exterminado a todos los detenidos.

Quizás la película  dado que aquí hay injusticias cometidas por doquier– no deja de ser la puesta en imágenes de aquel diálogo platónico, el Gorgias, y la conversación entre Polo y Socrates.

POLO.Entonces, ¿tú preferirías recibir la injusticia a cometerla?
SÓC. –No quisiera ni lo uno ni lo otro; pero si fuera necesario cometerla o sufrirla, preferiría sufrirla a cometerla.  

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