Ir al contenido principal

Hermanos de sangre (Hermanos D' Innocenzo)

 


La terra dell'abbastanza, traducida al castellano con el manido título de Hermanos de sangre, supuso el debut en la dirección de los hermanos (Damiano y Fabio) D' Innocenzo. También podía haberse traducido como La tierra de la suficiencia, lo cual por una parte no dejaría de resultar irónico viendo el proceder de los dos jóvenes, Mirko (muy convincente Matteo Olivetti) y Manolo, que viven en el barrio periférico romano de Ponte di Nona, quienes se ganan un dinerillo repartiendo pizzas a 30 euros la jornada, cuando una noche camino de casa atropellan involuntariamente una persona. Algo trágico se convierte para ellos en una bendición o así se lo quieren hacer creer. Ahí la suficiencia o la presunción, y también el referido carácter irónico, si atendemos a la idoneidad y competencia de los jóvenes.  
El promisorio porvenir será un aciago espejismo, porque de la misma manera que el bólido pasa de cero a cien en pocos segundos, Mirko y Manolo pasarán de llevar una vida adolescente y despreocupada, aunque no precisamente paradisíaca, a descender a los infiernos del alma, alentados por la inconsciencia, el dinero fácil y la posibilidad de convertirse, de un plumazo, en dos tipos duros, maleados entre la venta de drogas y la trata de personas. 
La inesperada metamorfosis resulta creíble, dado que las circunstancias obligan tanto a Mirko como a Manolo (el padre será el artífice de un plan que devendrá diabólico) a complicarse la vida sin solución, convertidos en peones de un clan mafioso. Muy sutilmente iremos viendo cómo los jóvenes son arrastrados en una vorágine que le hace a Mirko desvincularse de su querida madre, sacando lo peor de sí mismo. Asimismo Manolo se ofrece despreocupado, sin que todo lo que irá experimentando parezca causar en él el más mínimo efecto. Otro espejismo. 
La terra dell'abbastanza desmitifica el mundillo del crimen organizado. No hay aquí glamour alguno, tampoco una violencia estetizante, sino la entropía del mal servida con toda su trágica e inevitable naturalidad.

Comentarios