Aprovechando las abundantes nevadas, el cielo raso y la ausencia de viento, ayer sábado hicimos una ruta invernal con raquetas por Belagua, en la frontera entre España y Francia.
Y como ese ciclista intrépido que en las primeras calles de la ciudad de la que parte la etapa ya se da a la fuga, los otros coches de la expedición también se dieron a la fuga. ¡Ojo!, pudo ser que el manto níveo de Belagua hiciese aquí de canto de sirena o bien que los conductores mudaran en aplicados Orfeos, que contradiciendo el mito decidieron no mirar atrás. Todo son especulaciones. El caso es que la Santísima Trínidad Vehícular nos volvimos a juntar, tres y trino, al parar a desayunar en el hotel de Isaba que se encuentra a la entrada del pueblo, viniendo desde Roncal.
Luego dejamos los coches en el arcén, puesto que el aparcamiento a las 10 de la mañana ya estaba a tope de coches. Nos pusimos las raquetas fuera del edificio de La Contienda y comenzamos la excursión media hora después.
Seguimos la ruta que estaba balizada con unos palitroques naranjas, ya que próximo a nuestro camino, había otro más ancho, que es el que empleaban los esquiadores. Poco más adelante, tras dejar los pinos nevados (algunos con el aspecto de gigantescas coliflores), vimos una prueba deportiva con niños pequeños con esquíes.
Más adelante seguimos ascendiendo hasta las faldas del Arlás.
La imponente presencia del pic Anié (con su aspecto de pirámide) se erige como una figura tutelar en la montaña.
Después fuimos a nuestro libre albedrío, la mayor parte del tiempo pisando nieve virgen y disfrutando de las caprichosas formas que la nieve, como un elástica piel, despliega sobre el terreno, en forma de oquedades y ondas.
Bordeamos las inmediaciones del Murlong. Almorzamos bajo el sol y pegados a una pared de nieve.
Alrededor de las tres regresamos a La contienda. Paramos luego un poco más adelante En El ferial. Brillaba el sol y en la terraza se estaba de muerte.
Según comentó Javier (el Hacedor) no había visto nunca tanta nieve y tan buen tiempo en Belagua, una zona que tiene bien pateada o raqueteada. Una jornada maravillosa.
© Fotos Vida y Montaña





















































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