Thoreau ha pasado a la posteridad como el naturalista por excelencia. Su experiencia en una cabaña (durante dos años, dos meses y dos días) próximo a la civilización (escuchaba el ruido del tren) fue fundacional para otros muchos. En el documental Beloved, del iraní Yaser Talebi, veo como Firouzeh le da sopas con ondas a Thoreau y su experiencia vital convierte la de Thoreau en un pasatiempo. Firouzeh es una mujer iraní de ochenta años que lleva sesenta en la montaña, después de haber criado once hijos y haber cuidado de su marido hasta la muerte. Ahora sigue en comunión con la naturaleza. Las vacas a su cuidado son su razón de vivir. De la mañana a la noche se la pasa trajinando, sin descanso. Solo le pide a Dios salud para no parar (no cabe aquí pensar en la jubilación, en el dolce far niente, en pasar tiempo con las vecinas hocicando en las vidas ajenas). Saca Firouzeh las vacas a pastar, corta leña, cocina, elabora mantequilla. Sufre estar sola. Siente la desolación de que sus once hijos no la visiten (al menos una vez al año). Los más cercanos, otros vecinos, le instan a bajar a la ciudad, a dejar el monte, pero ella no quiere desprenderse de sus vacas, ni de la montaña.
Las imágenes de Yaser muestran una naturaleza en estado puro, así las cristalinas aguas, el estallido de la primavera, la estación preferida para Firouzeh. No hay retórica en ella, solo hechos. Un documental conmovedor, prístino. Las lágrimas de Firouzeh brotan del manantial de su corazón y son de verdad.
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