Hubo un tiempo en el que la credencial del peregrino era un salvoconducto que garantizaba a su portador protección, comida y alojamiento. Hoy sigue siendo requerida en los albergues públicos y parroquiales. Y viene a ser la versión analógica del selfi, pero sin rostro: yo estuve aquí y cuándo. Ante el aluvión digital la certeza del papel. Pero ojo, ya está aquí la credencial digital, cuando uno de los alicientes del camino es convertir el sellado en búsqueda y posterior registro. No hay dos sellos iguales, ni en color ni trazado. Piensas en todos los sellos que todavía restan por delante.