Vas silbando el temazo del verano, una canción de Ana Mena y Lola Índigo, moviendo el cuerpo al compás de la música. Eres un caminante solitario bajo un sol inmisericorde que te reblandece el cerebro y socarra tu piel, avanzando por la senda hacia el castillo calizo, cuando reparas en algo. Dejas al instante de silbar. También dejarías de jadear, si pudieras, el corazón en suspenso, en pos de la obediencia, y de un debido silencio anti natura. ¿Acaso no cantan los pájaros? Te sobra ahí la palabra silencio, por redundante. Y si se queda que esté en braille.