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La construcción natural

  Late la vida en cada rincón, incluso en los solares edificables. Los apartamentos, estudios y trasteros son ahora vívida naturaleza enhiesta. Disfruta del frágil señorío del tronco, de la oculta raigambre. Late la vida en los solares que nada entiende del comercio, del SE VENDE, del capitalismo salvaje que a todo pone precio. Se esconde el sol detrás de las ramas y piensas que las campas son una reliquia del pasado. En breve la madera dará paso al encofrado, al hormigón, al ladrillo. Antes de ese día, el árbol mirará los edificios por debajo del hombro. Ójala lo veas.

Desembocadura

  No se presenta todos los días la oportunidad de ver morir un río. O de verlo nacer en el mar. Eres testigo de la fusión o abrazo desde la cima del Zigurat. A la derecha el río, lento, demorando su final. El último estertor antes de la metamorfosis, donde mudará la piel. Ahora lo salado, antes fue dulce. Declina también el sol y la performance es de una belleza abrumadora. El viento mece los juncos y la mirada se pierde en el confín, donde río, mar y cielo son una línea fina y espumosa en el horizonte. Respiras el instante.

Trialera

  Conocerás de primera mano qué es una trialera. Sentirás cada pedrusco, cada raíz, cada escalón, también la pronunciada pendiente y la imposibilidad de la cuadratura del círculo, cuando te empeñes en meter la bicicleta por esos andurriales, impracticables y no ciclables, cuando tratas de hacer en bici algo pensado para el senderismo. Antes has disfrutado de Miravet, un pueblo que parece sacado de un lago italiano. Pero el refresco estético se agota demasiado pronto, vencido por el esfuerzo. Maldices, reniegas, rebufas y los pinos te replican con pinazas. Tardarás casi una hora en hacer medio kilómetro. No hay marcha atrás.