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Pari (Siamak Etemadi)

 


No siempre las cosas salen bien. Olvidemos pues los finales felices. En Pari, debut en la dirección de largometrajes de Siamak Etemadi (iraní residente en Atenas), responsable asimismo del guion, el matrimonio iraní, formado por Farrokh y Pari, se traslada a Atenas al encuentro de su hijo Babak, al que no ven desde hace dos años. Me recuerda la premisa a la película Sirât. Parejo es también el desenlace. En términos contables podemos pensar que la película ofrece como resultado un balance suma cero, es decir, que las ganancias y las pérdidas se compensan. La ganancia viene por la vía de superación de Pari, su capacidad y voluntad para superar cualquier obstáculo y sacar las castañas del fuego.

En Atenas Farrokh se desespera, pues no habla ni griego ni inglés y en su lengua madre, el farsi, nadie lo entiende. Es Pari la que debe lidiar con los extraños y llevar a cabo las pesquisas oportunas para intentar ponerse en la pista de Babak. Atenas está en pie de guerra. Menudean las manifestaciones, las algaradas, el destrozo del mobiliario urbano. Pronto descubren que Farrokh y Pari ya no está en el piso en el que residía. La búsqueda de los padres los lleva a lugares inhóspitos, lupanares, centros anarquistas u Okupados. Así ven cómo emplea la juventud el tiempo y Farrokh se pone de los nervios al pensar que su hijo se ha echado a perder. 

¿Qué no hace una madre por un hijo? La respuesta la tenemos en Pari. Busca, mueve y remueve y no se para ante nada ni ante nadie, a pesar de que alrededor acechan toda clase de peligros. Hay algo que conecta a Pari a Babak: el deseo de llevar otra vida. Pari puede llegar a la conclusión de que la única manera de recuperar a su hijo es perdiéndolo. Melika Foroutan como Pari sostiene la película con su rostro.


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