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Ruta invernal al Basaurín (2.670 m) por la cara norte

El miércoles hicimos noche en el refugio de Lizara, ubicado dentro del Parque natural de los Valles Occidentales

La niebla velaba parte del impresionante macizo montañoso al frente. Sí vimos bastante nieve en las faldas del refugio. La cena la hicimos a la mesa con tres chicos catalanes, que al día siguiente subirían al Bisaurín con esquíes. 

Dormimos bien y madrugamos. A las 7,30 desayunamos copiosamente para ir a tope de energía. La primera parte discurrió por el interior de un bosquecillo. Llevamos los crampones puestos desde la salida del refugio, porque la nieve estaba lo suficientemente dura para hacer uso de los mismos y nos permitía caminar cómodamente.  

 
 
 
 

Paramos un momento en el refugio de Ordelaca

Vimos cómo un alud había tajado varios árboles. 

Descendimos hacia  el barranco de los Castillones, que al estar helado y nevado era perfecto para transitar. 

Luego vinl el Valle de los Sarrios (considerados la élite de la escalada en el mundo animal). Tomamos un descanso para recrearnos con tanta belleza y silencio. Vimos algunos ejemplares correteando sobre el manto níveo.

Después vino la continua ascensión, que se manifestó en una sucesión de palas o planas, como la pala de Mistresa

 
Vimos a excursionistas que ascendían con los esquíes. A medida que íbamos ganando altura, tomamos conciencia de la elevada pendiente de la pala. Durante las pausas nos recreamos en la contemplación de los majestuosos paisajes.
 
   
  
  
    
 
 
  
 
  
Carmen, Francisco, Javier y César

Al fondo, finalmente, cansados de tanto subir por la cara norte, vimos la cresta del Bisaurín. La nieve estaba perfecta para ir con los crampones y siguiendo la huella que ya estaba hecha llegamos al collado cimero.  Pero antes tuvimos que hacer una pequeña trepada.

En la cumbre nos vimos arropados por un sinfín de montes, como el Castillo de Acher o el Midi d´Ossau (sin nieve), habida cuenta su orografía, muy vertical. 

En la cumbre nos reunimos con otros siete esquiadores, que en seguida iniciaron el descenso y prontamente desaparecieron de nuestra vista. 

Tomamos un tentempié. Al ras de las nubes nos recreamos con las espectaculares vistas y pasadas las dos y media iniciamos el regreso.

Volvimos por la cara sur, por una amplísima pala. La nieve había perdido su dureza y estaba más blanda, facilitando el desplazamiento hacia el Collado de Foraton.  Vimos cómo algo se movía en el cielo, parecía un pájaro gigante. Resultó ser un planeador o velero, un avión sin motor a merced del viento. 

Luego poco a poco, enlazamos con la GR 11, la transpirenaica: un gran recorrido de 800 kilómetros que cruza todo el Pirineo. Decidimos dejarnos puestos los crampones. El camino era un coladero lleno de agujeros. A nada que te descuidabas metías la pierna en la nieve hasta la rodilla o te quedabas sepultado hasta la cintura.

Antes de llegar echamos unos tragos de la deliciosa y fresquita agua de la fuente Fonfría.

Llegamos al refugio alrededor de las cinco. En total fueron unas 8 horas en ruta y 1.100 metros de desnivel positivo, y los mismos de desnivel  negativo, para una suma de unos doce kilómetros.   

NoUna rutaza tan exigente como disfrutona. 

ⓒ Fotos Vida y Montaña  

 

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