Todos los hombres del presidente nos brinda el trabajo de dos periodistas de raza. Bob Woodward y Carl Bernstein trabajan en el The Washington Post. A medida que investigan, meten las narices y sonsacan a las personas implicadas, logran llegar al fin del asunto. Nixon, el presidente de los Estados Unidos acabará renunciando a la presidencia. Será el conocido caso Watergate. No obstante Nixón será perdonado poco después por sus amiguetes republicanos en el poder. Vemos en la película cómo muchos republicanos repudian lo que ven que están haciendo Nixon y sus hombres con sus tejemanejes y extorsiones (el FBI y la CIA como aliados) con dinero público. Algo parecido pasará hoy con Trump. Muchos de sus votantes serán los que se arrepentirán de haber aupado al poder a un irresponsable que vulnerando el derecho internacional está llevando al mundo hacia el precipicio. Ahora quiere Trump quitar de en medio a dictadores, ya sea por la vía del secuestro, como a Maduro o mediante el asesinato, como con Jamenei. En los años setenta del pasado siglo, los Estados Unidos, bajo la premisa de que había que frenar el comunismo, auparon al poder a sanguinarios dictadores como Pinochet. Lo mismo hicieron en otros muchos países: Argentina, Brasil, Bolivia o Paraguay. Nunca se vertió tanta sangre como en el siglo XX, entre las dos guerras mundiales y el sinfín de dictaduras posteriores que solo conocían el lenguaje de la violencia y la muerte.
Veremos qué sucede este siglo, pero no pinta nada bien. Ya no es válido aquello de conocer el pasado para no cometer los mismos errores, sino el desconocerlo del todo para cometerlos todavía más grandes.

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