Das por bueno que sea la cabeza de Kafka. En plena metamorfosis ves girar las placas metálicas transversales. ¿Cómo serían los pensamientos de Kafka? ¿Oscilantes, acerados, ingrávidos? Los circunstantes afanados en inmortalizar en los móviles la inasible cinética kafkiana. Si Kakfa estuviera entre los presentes ¿cogería lápiz y papel y escribiría un relato sobre la marcha? Sobre esa cabeza que bien pudiera ser el caballo de Troya de una Praga asediada por el turismo. O una cabeza del futuro guillotinada por la modernidad. O una cabeza a la que le creciese un cuerpo. O una boca cerrada para la eternidad.

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