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Un hombre mejor

 La cinética de las redes sociales es alimentada por los impulsos de sus usuarios; un impromptu que en ocasiones tiene consecuencias funestas. 

Tom vive delante de una pantalla, su batería social está tan baja que apenas logra reiniciarse cada mañana y todas sus energías las canaliza en teclear y vomitar toda su inquina contra las mujeres y el feminismo. Sin pensarlo apenas, un buen día decide poner un comentario en la red social de Live, una humorista famosa en su país: Noruega. En el comentario habla de violarla. Live lee el comentario en su red social y decide hacerlo público, consciente de que se ha cruzado una línea roja, de que no todo vale. En pocos minutos la sociedad entera se moviliza y hackers mediante, en seguida, todos conocen la identidad del autor del comentario. Adiós al anonimato y a la consecuente impunidad.
Tom se ve hostigado, siente lo que es el bumerán del odio buscando su rostro, su cuerpo para devastarlo y busca amparo en la tienda de ropa de mujer de su madre, donde trabaja. Tras intentar suicidarse, sin éxito, ya no puede caer más bajo. Toca fondo y solo encuentra una salida: dejar la tienda vestido de mujer. Ahora es Berit. De esta manera desaparece del mapa. A su madre le comunica que está muerto.
Nada hay más oportuno y necesario que situarse en la piel ajena para entender muchas cosas. Tom como Berit será tratado como una mujer. Y no pasarán muchos días antes de que después de tomar unas birras en un bar, en el domicilio de su compañero de juerga, este trate de violarla. Así Berit sabrá de primera mano lo que supone ser una víctima de agresión sexual. De esta manera hay una transformación radical en Tom. Descubre que alejado de los teclados, las pantallas, las redes que tanto enredan, lo único que desea es hacer el bien, ayudar a los demás. Y ese camino no es fácil sino proceloso. Pero siempre hay gente a la que poder ayudar, como a su vecino Audun, quien vive una doble vida y que se siente castrado en su papel de amo de casa, de tal manera que todas las cosas que Tom dice en las redes sobre las mujeres, las suscribe a pies juntillas. Audun está en la cuerda floja. Su realidad está poblada de fantasmas y miedos imaginarios aunque posibles y cree que su vida es una cuenta atrás, que su futuro cada vez es más magro. Y lo martiriza el qué dirán o pensarán de él si se descubre su secreto. Lo curioso del tema es que Audun descubre el revés de Tom y obtiene de Berit aquello que necesita: ser escuchado sin ser juzgado. Y sobre todo ser ayudado cuando más lo necesita. Justo en ese preci(o)so instante.
La fuerza imparable de la cancelación libra aquí una feroz batalla contra la necesidad de sobrevivir a toda costa y también, si no de reinventarse, sí de iluminar otras partes del ser: aquellas más amables. Esa será la cruzada de Tom-Berit. Y hay otro aspecto a tener en cuenta. Live se siente atormentada, pues cree que el haber expuesto tanto a Tom puede llevar a este al suicidio. Surge entonces la espontánea y tan humana necesidad de concerlo, de perdonar y ser perdonado. Y asimismo la fuerza devastadora del arrepentimiento. También lo necesario que se hace el dialogar sin máscaras, sin nicknames, sin avatares, cara a cara. Para trascender lo virtual  y asentar el encuentro físico, aquello que los ojos y las manos tienen que decir. Un hombre mejor mujer toca muchos temas que se nos ofrecen en aluvión. Pero como seres humanos, nada nos resultará ajeno, pues todas nuestras pasiones, afanes, desvelos y tormentos están sobre la mesa para ser diseccionadas. 
Un hombre mejor es una serie muy capaz de removernos el estómago y la conciencia. El guion de Thomas Seeberg Torjussen, también coodirector de la serie, es espléndido. 

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