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Corrales de Urre, Hayedo del río Cardenas

Hoy sábado hemos disfrutado de un maravilloso día primaveral por tierras riojanas. La ruta ha dado comienzo en los Corrales de Urre, adonde se llega tras superar el Lugar del Río. Por donde campan a sus anchas los caballos y las vacas con sus terneritos. 

Hay que seguir luego la pista asfaltada, menoscabada por algún que otro socavón, y que exige prestar la debida atención. A las nueve y media de la mañaña había brumas que, afortunadamente, se han disipado poco después, para dejar un cielo esclarecido, un sol radiante y una temperatura muy agradable. En el aparcamiento hay también varias mesas de piedra y asadores. Es una area recreativa en un entorno privilegiado.

La ruta ha transcurrido en su totalidad por pistas forestales. Hemos sido testigos de cómo la naturaleza en esta estación palpita y muestra de ello son las numerosas cascadas que hemos visto, bien provistas de agua.  

Al fondo, las crestas nevadas de los Pancrudos, y del Cabeza Parda, el agua manando por los barrancos, los veneros convertidos en riachuelos, hasta ir a desaguar al Cárdenas. 

Una vez estacionados los vehículos hemos seguido el camino hacia la cueva del santo San Millán, por una prolongada pendiente, rematada con la presencia de unos escalones. Ya en la cueva, la recompensa son unas inmejorables vistas, desde un balcón que aquí es ventana. La ermita está excavada en la roca.

Tras la visita a la cueva ha dado comienzo la ruta, con una pendiente suave pero ininterrumpida. 

A nuestro alrededor un sinfín de hayas, pero también de pinos, acebos; algunos árboles singulares como el Haya de las Carrias o un mostajo con más de 350 años de vida. Las pistas no iban por el interior del bosque sino por el exterior de la montaña.

Y por los caminos uno se encuentra toda clase de babosas, escarabajos y alguna que otra oruga procesionaria.

La parada para el almuerzo ha concluido con el delicioso y esponjoso bizcocho de Carmelo.


En total la suave, disfrutona y populosa (éramos 24) ruta primaveral ha dado como resultado unos quince kilómetros.  

Antes de volver para Logroño hemos hecho una parada en la Posada de San Millán, donde he tenido la ocasión de descubrir qué es una Kokedama.

Una ruta estupenda, muy cerca de casa, donde el ruido de fondo era el manar del agua. Un gozo. Y el que sea de fuera y ande por estas latitudes que aproveche para visitar el conocido como Escorial de La Rioja, el Monasterio de Yuso, Patrimonio de la Humanidad.

 

© Fotos Vida y montaña

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