Siguiendo la GR99, al llegar a Logroño hay
dos opciones para dirigirse hacia el Este: una es dirigirse desde Oyón hasta Mendavia por la margen
izquierda del Ebro. La otra es ir por Recajo y Agoncillo. Son caminos que
difieren bastante. El camino hacia Mendavia va ceñido al Ebro, las pistas son
anchas, no hay tráfico, salvo algún coche esporádico que se dirige a alguna de
las plantaciones próximas al canal, y en ausencia de desnivel se rueda bien.
Por
el contrario, el camino que se dirige hacia Agoncillo se aparta bastante del Ebro, ya desde que se deja Logroño, por el Parque del Ebro (tras cruzar un puente sobre el Iregua) y más tarde por la carretera asfaltada que discurre entre las huertas de Varea.
Luego, al llegar a
Recajo, al que se accede por una carretera nacional muy transitada, el camino
se interna en la montaña, con un considerable desnivel.
Una de las grandes
losas de hormigón estaba rajada. Siguiendo por el camino hacia Agoncillo no se ve el Ebro. A
cambio, al haber ganado altura, el paisaje es muy bonito. Al fondo está el León
Dormido, la Sierra de Cantabria, la Peña de Codés y más crestas montañosas. No
es difícil despistarse en algunos cruces, pues a menudo el palitroque indicativo de la GR o bien la marca roja y blanca, no se sitúa en la bisectriz, sino dentro del camino elegido. Hay que andar con ojo antes de llegar a Agoncillo, para no coger el camino que
encamina a la pista de aeromodelismo.
Debido a las lluvias recientes el río (Leza) bajaba con bastante agua y la manera de cruzarlo era sirviéndose de las piedras sobre el lecho fluvial. No resulta muy peligroso pero es un incordio.
Una vez en el camino correcto se accede en seguida a Agoncillo.
Poco después el viajero llegará a la plaza donde está el Castillo de Aguas Mansas, y verá un
mural de un guerrero del siglo XVI, obra de Nesuir. Uno de los nueve murales que hay en Agoncillo





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