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Vender o no vender, esa es la (insignificante) cuestión

 

 

En el editorial del último número de Letraheridos, Juan Pablo Fuentes se hace eco de esta noticia: 

Según un estudio de CE- GAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) un 49,4% de los libros no venden ni un solo ejemplar, un 13% solo vende uno y un 20% no llega a los 10. Para terminar de rematar solo un 4,5% vende más de cien ejemplares.

Es verdad. Cuando vendes menos de cien ejemplares, sabes que escribes a la contra y a pérdidas. Es así. Pero de paso te quitas un peso de encima. A la altura del perejil, tú, o yo: ser vermiforme, la caída es inexistente. Y escribir se convierte en un acto de voluntariado, que no ayuda al mundo, no, para nada, pero sí a ti. O eso piensas (¡Y que Dios te mantenga preservado en tu ingenuidad!).

Cuenta Kafka que vendía tan pocos ejemplares de los libros que escribía que su editor, Kurt Wolff,  le ofrecía libros de su catálogo como pago en especie. A veces pienso que me gustaría ver mi libro publicado en otras editoriales, no para vender más, qué va, sino para que el editor me hiciese llegar todos los libros de su catálogo. Y en mi chaladura hasta los leería y reseñaría.    

¡Qué manera de echarme a perder! ¡Qué maldición los libros!

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