Comprobé que lo mismo que montar en bicicleta no se olvida, ciertas canciones tampoco. Había temas que no había escuchado hacía casi tres décadas. Pero sin darme cuenta mi voz se acompasó con la de Manolo y con la de otras miles de personas que gozamos de lo lindo en el aquel ejercicio de melancolía grupal.
Hace 30 años El último de la fila dio su último concierto. En las fotos promocionales de esta gira, los rostros de Manolo y Quimi son los de entonces, y ayer, cuando sonaron los temas clásicos, no estábamos en 2026, sino en 1996, por eso desde donde me encontraba, en la grada, vi miles de personas cantando en la pista y apenas un par de luces prendidas entre la muchedumbre.
Sí, el milagro se produjo, porque regresamos a 1996, cuando no había móviles e íbamos a los conciertos a cantar, a desgañitarnos, a ver al cantante, a querer tocarlo, a fundirnos entre tanta otra gente, a sentir, entre sudores el espasmo y el aplauso de lo analógico.

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