La palabra cancerbero remite a Hades,
al infierno. El calor es su vía de escape. Pero hace dos meses el cielo escupía
lluvia en Bilbao. Viste a Iribar aferrando el balón. La escultura te
sugiere la presencia de un centinela, de un gaviero. Al frente, el mar de
edificios. El estadio de fútbol, a la espalda de Iribar es un ejercicio de
papiroflexia, sin la consistencia del origami. No te trajo aquí Iribar ni el
futbol, sino una estación de metro, para ir a otro edificio inclasificable: el
BEC. Caminas por su interior: Jonás en el vientre de la ballena.

Comentarios
Publicar un comentario