Después de un verano asediado por la caloriza sueñas con abundante agua y agradeces el flujo constante en la fuente de la Vía Contrizio. Es magnético. Al beber sientes la suave y fría caricia del mármol. Haces casi un boca a boca en el fino caño. Apoyas la mano en la frente, como tomándole la fiebre. Es necesario que tenga los ojos cerrados, si no, no podrías beber su vómito de agua. Verás en tu deambular muchas más fuentes en Bienno, también un molino. Todo este periplo acuático quedará resumido en una sentencia que sin entenderla la comprendes: “ Biénn Fontanéar ”.