La hija pequeña afrontaba el lesbianismo de su joven protagonista desde otro prisma. El ángulo era el del descubrimiento sexual y los interrogantes, dudas, y miedos que se le planteaban, de cara a conciliar su posicionamiento religioso con una orientación sexual que el islam censura, considerándolos como actos ilícitos (haram).
En la película Amal (dirigida por Jawad Rhalib), una adolescente, Monia, comparece ante el espectador con magulladuras en la cara y espalda. Sus compañeros de clase la han empujado. La motivación de la agresión es que a Monia, presuntamente, le gustan otras chicas. En su clase, su profesora, Amal, trata de reconducir el odio en empatía. Con muy escaso éxito. En sus clases de literatura, como un intento para apelar al sentido común y a la tolerancia, les da a leer unos poemas de Abu Nawas, el celebérrimo poeta musulmán del siglo VII. Poeta que aunaba la religión y lo mundano. Las oraciones con el sexo; derramando todo su amor tanto en hombres como mujeres. Los poemas suponen echar más leña al fuego. Los padres de los alumnos se quejan a la profesora de que esas lecturas no proceden, que son textos infieles, que suponen una falta de respeto hacia ellos. Y la tensión aumenta de tal manera que las redes sociales se convierten en sogas para la pobre Monia. Qué inútil y frustrante es tratar de apelar con el móvil en la mano, en un chat o red social, al buen juicio, al sentido común, a la tolerancia, a un pizca de humanidad cuando frente a ella hay personas que parapetadas detrás de un perfil, la quieren ver colgada de una soga, muerta, humillada, violada, maltratada…
Ahí entra el tema de la religión en las aulas, en qué consiste la tolerancia, cómo conciliar un estado laico (como es el estado Belga, donde sucede la historia) con el respeto a las confesiones religiosas, cuales son los límites de la libertad de expresión, cuales son los efectos del extremismo religioso…
El caso es que los distintos profesores del claustro presentan distintos posicionamientos respecto a lo que le ha sucedido a Monia. Amal (interpretada por una entregadísima Lubna Azabal), de origen árabe, es la que más sufre con todo esto, y se lo toma como algo personal. En este caso, como sucede casi siempre, es la víctima la que debe dejar el centro. Es más sencillo apartar a una persona, que ir al fondo del asunto, mandar a casa a media docena de agresores activos y otros tantos pasivos. O tratar de abolir el origen de tanto odio. Asimismo, otros profesores, como Nabil, que imparte religión, bajo su aspecto mesurado esconde algo que afortunadamente quedará desvelado, cuando uno de sus alumnos, le grabé en clase, dejando clara su postura acerca de lo que ha sucedido con Monia, cual ha de ser el papel de la mujer o las discrepancias que existen entre seguir los dictados de la religión (la interpretación de los textos sagrados) y los que marca la ley y el estado de derecho.
Desgraciadamente,
como sucedía también en la espléndida serie El caso de Laura Stern, parece que
hay cosas que no cambian, que lejos de mejorar se agravan, que no tienen
solución, que no hay posibilidad alguna de enmienda.
Lo que convierte la película en
terror puro, sin aditivos ni paliativos.

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