Menudean en el bar las camisetas rojas y blancas. Entre ellas cuatro albicelestes. Aumenta la tensión. El alcohol desenmascara los bajos instintos. Arrecian las palabras gruesas. De animar a insultar. Corren los minutos. Cuando ya se avizoran los penaltis, golazo de Ferran. Luego, el delirio. El martillo pilón no cesa: Pita ya, pita ya, a llorar a la llorería, puto enano, perros.... Entre las camisetas albicelestes una adolescente llora desconsolada. La cara en los antebrazos. Pitido final. Una joven con la camiseta roja busca la espalda de la argentina. La abraza. No hay consuelo que valga. Ellas son el ejemplo.

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