La lente ofrece a tus sentidos la realidad tal y como la percibes más allá de los ojos legañosos. El cansancio y el sueño son la bruma mental a las seis y media de la mañana, bajo un cielo negro que azulea. No dañan todavía las pupilas las luces afiladas. Una peregrina cruza la calle desierta. Sus pasos retumban en la piedra como los cascos de los caballos. Ajustas la mochila a la espalda. Frente a la palloza soplas con todas tus fuerzas. Nada se resiente en la estructura de piedra, en la techumbre de paja. Menos lobos, te dices.

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