Si para Borges el Paraíso sería algún tipo de biblioteca, para ti, el pueblo ideal es aquel que tiene libros para intercambiar en las calles. En Lovere ves consumado tu deseo cuando llegas a una calle escondida, muy fotogénica, y tan estrecha que solo puede tener un nombre: “la stretta”. Te detienes y ojeas los volúmenes. Pero nada llama tu atención y sigues tu camino. La estrechez de la strada te recuerda la de las calles venecianas, del tamaño de los brazos abiertos. Prosigues hacia el lago Iseo. Verás anochecer. Confirmas que la luz es más antigua que el amor.

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