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Descalzos por el parque

 

 

Cuando Descalzos por el parque (1967, Gene Saks) pasó de los escenarios teatrales a la gran pantalla cinematográfica, Robert Redford ya llevaba años interpretando el mismo papel sobre el escenario. Ahora, a su lado, está Bridget Fonda. 

La película resulta muy disparatada, asaz alegre y vivaracha.

Paul y Corie están recién casados. La luna de miel tiene lugar en un hotelazo de Nueva York. Encerrados en la habitación pasarán seis días consumando el matrimonio. Después Paul marcha al trabajo con los labios destrozados. 

Del hotel se mudan a un piso en alquiler, en una quinta planta, en Washington Square. El barrio lo conocemos por el famoso arco de mármol. 

El piso es muy pequeño, no hay bañera sino ducha, y en la habitación entra con calzador una cama, no de matrimonio. Tampoco funciona la calefaccion y en el tragaluz un cristal roto franquea el paso al aire y la nieve. 

Corie es pura alegría y muy intensa; Paul es más serio, comedido y envarado. La presencia de la madre de Corie y de un vecino fantástico, Victor Velasco, desata la locura y el extravío, tras cenar los cuatro en un restaurante albanés. 

La película exuda alegría e ironía y mala leche. La impetuosa Corie descubre, a las primeras de cambio, que no tiene nada en común con Paul. Ahora bien, ¿los polos opuestos se atraen o repelen?

La respuesta la tendrá el espectador que llegue al final de esta divertidísima y chocarrera película. 

¿Qué sería de nosotros sin el humor? 

 

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