Piensa un segundo en la gente. Y ahora otro segundo en los representantes de la gente. Así, ya está. ¿Qué has visto? Quizás algo con forma de vínculo, que en el fondo es distancia. ¿Cómo es posible? Piensa en Paris-Texas, la película de Win Wenders. Hay una escena en que sus protagonistas, Travis y Jane, están frente a frente, separados por un cristal que permite que él la vea a ella, pero no al revés. Es una cabina erótica. Cuatro años antes de esta escena, Travis y Jane estaban casados, eran felices, y tenían un hijo. Pero las calamidades de la vida, es decir, la vida, los separó. Cada uno de ellos se alejó en una dirección. Travis se perdió y vagó por el desierto de Mojave. Ella acabó en una cabina erótica, desnudándose para los voyeurs que hay al otro lado del espejo. El niño, quedó al cuidado de sus tíos. Pero ahora Travis ha encontrado a Jane y están juntos de nuevo. No tanto juntos, como al lado. Separados por un falso espejo. No hay más de un metro entre Travis y Jane. Parecen cerca, ¿verdad? Pero en realidad, siguen tan distanciados como cuando no sabían, durante los últimos cuatro años, nada el uno del otro. Ese metro de nada es una distancia abstracta: hay que verla con el pensamiento. Ese metro, exactamente desplegado, calculando todos los elementos de la escena, equivale a un millón de kilómetros. A veces la distancia es irremontable, no puede deshacerse. Aunque las partes se acerquen hasta casi tocarse no por ello la distancia queda abolida. La distancia no solo está en lo lejos: también en la proximidad. Por eso la gente y sus representantes no tienen a diario nada que ver. Solo, y remotamente, cada cuatro años. Menudo chiste. Me troncho.
(Fuente: cadenaser.com, 04-10-2026)
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