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Los límites de la curiosidad gatuna

 


 A menudo has visto carteles avisando de la peligrosidad de los perros. Ahora te sorprende ver negro sobre blanco el imperativo —que es súplica—, de no atraer a los gatos fuera de la puerta, porque ¡ojo!, los mininos son viejos y frágiles. Haz de cuenta que la curiosidad de los gatos los haría salir fuera, seguir al extraño, extraviarse por Monte Isola. Mientras traduces el cartel, un gato despeluchado avanza a trancas y barrancas hacia ti, que te apartas de la valla y pones los pies en polvorosa sin mirar atrás, sustraído a los límites de la curiosidad gatuna. 


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