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Por el Moncayo desconocido



La rutaka de ayer dio comienzo en el pueblo zaragozano de Talamantes (68 habitantes), a una hora y media larga desde Logroño (nuestro punto de partida). Mi primera ruta por tierras aragonesas. 

La ruta transcurre por el Parque Natural del Moncayo. Por el Moncayo (el conocido como "coloso geológico") más desconocido, por una de las muchas rutas que ofrece el parque natural. Seguimos el sendero Barrancos de Talamantes. Al salir de Talamantes hay un poste con las indicaciones de una GR, la 90.1 y un cartel informativo donde vemos las Peñas de Herrera a las que vamos a ascender: Peña de Enmedio (1462 m), Peña El Camino (1542) y Alto del Picarrón (1591 m)

Un poco más adelante, al pasar por delante de la empresa apícola Abejas del Moncayo el horizonte ya nos ofrece la visión de las peñas, en lontananza, cuya estampa nos evocó la serie Bonanza, en particular o los western, en general. 

Ya en harina, después de una hora de caminata y poco antes de llegar a las faldas de las peñas, nos encontramos con un grupo de Tarazona, que iban corriendo, practicando trail. Ellos siguieron por la GR y nosotros cogimos un desvio  para acometer la subida a la primera peña.

A medida que vamos cogiendo altura, vemos el pueblo de Talamantes, muy lejos, en la hondonada. 

Talamante al fondo

Las peñas adoptan formas muy curiosas, como muelas calcáreas, o toda suerte de piezas bucales.


La ruta permite acceder a una de las cuevas, haciendo uso de las cuerdas fijadas a la pared, que permiten cruzar al otro lado. Las vistas son inmejorables.

 Vimos muchos buitres, cuervos, algún murciélago y dos caballos muy raquíticos.

 

La flora aquí es tema aparte. Vimos y reconocimos (gracias a Yolanda, Feli y Mónica) muchos arbustos de asiento de monja, característico por sus tonos granates.

Aulagas 

 Lechetreznas

 Piñas en gestación

 Botones de oro

 Gamones

 
 
 
 
De repente, vimos nubes negras cerniéndose sobre nosotros, crujió el cielo y oímos truenos. Cayeron algunas gotas. Íbamos camino de las cuevas. La ruta deviene entonces un gozo continuo porque cada cueva es más bonita que la anterior, hasta que llegamos a la madre de todas la cuevas: la Cueva de los Pilares.

La hora del almuerzo. Con las mejores vistas



Cueva de los Pilares

Después de las visita a las cuevas iniciamos el regreso. 

Siempre hay rocas observando. Son los vigías o los gendarmes. 

 
 
    

    

  

Volvimos a retomar la GR de la ida hasta Talamante.    

Un momento de descanso

Antes de llegar al barranco las nubes dieron paso al sol y comenzó a apretar el calor. Por las entrañas del bosque se iba bien, a resguardo, bajo la bóveda vegetal. 

El rumor del agua nos llegaba en sordina, habida cuenta del escaso caudal del riachuelo que nos acompañaba a nuestra izquierda. 

Me gustó la vindicación de los árboles. En este caso un acebo. 

Tras cruzar una pasarela de madera llegamos a la pista forestal y poco después a Talamantes. 

Hicimos un total de 23 kilómetros, casi 1300 metros de desnivel, ocho horas de ruta. Una ruta espectacular. Gracias Javier.   

Francisco, Carmen, Javier, Mónica, Ascen, Feli, Pedro y Yolanda

De regreso paramos en Tarazona. En la terraza de un bar nos echamos unas risas antes de volver para casa. Una pinta de cerveza dos euros. Bien.  

  


© Fotos Vida y Montaña

 















 














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